¿Qué más necesita demostrar Messi?
De hecho, después del Mundial de 2022, Messi prácticamente no tiene nada más que demostrarle al fútbol.
Ha ganado la Liga de Campeones, la Copa América, el Balón de Oro e incluso ha protagonizado temporadas que han redefinido el concepto de genio.
Lo más destacable es que finalmente ganó la Copa del Mundo, un título que hasta entonces había sido la mayor incógnita en la carrera de Messi.

Por lo tanto, el triplete contra Argelia no debería interpretarse como una declaración del tipo “Messi sigue siendo el número uno”, porque parece indigno de alguien considerado el mejor jugador de todos los tiempos del fútbol.
Lo que resulta aún más destacable es que, habiéndolo conseguido todo, Messi todavía conserva el hambre de participar en otro Mundial; todavía tiene la serenidad necesaria para convertir un partido inaugural en un hito personal.
Las cifras hablan por sí solas.
El partido contra Argelia también fue un día especial para Messi desde el punto de vista estadístico.
Se convirtió en el primer jugador en participar en seis Copas del Mundo. Además, disputó su partido número 200 con la selección argentina. Tras este triplete, Messi alcanzó los 16 goles en Mundiales, igualando el récord goleador de Miroslav Klose.
Pero esas cifras ya son impresionantes. Sin embargo, leerlas en voz alta resulta demasiado monótono y no logra transmitir el proceso que supuso alcanzar esos hitos.
Desde el niño de pelo largo en el Mundial de 2006, pasando por el hombre que agachaba la cabeza con pesar al abandonar muchos torneos importantes, luego el campeón del mundo en Qatar, y ahora un Messi de 38 años que todavía hace que en los escenarios más importantes todos se levante la vista, observen y digan “guau” ante lo que hace con el balón.

Para muchos jugadores, el Mundial es un sueño fugaz, quizás una experiencia única en la vida. Pero para Messi, el Mundial se ha convertido casi en un diario. Contiene páginas de dolor y páginas de gloria. Y esta mañana, añadió una página más, una que parecía demasiado tarde para que el tiempo la registrara.
Messi se está haciendo mayor, pero nunca pasa de moda.
Messi ya no es el Messi de las implacables explosiones de velocidad y las habilidades de regate que dejaban a los defensores rivales tambaleándose como en un videojuego.
En pocas palabras, la edad le ha quitado demasiado: velocidad, agilidad y la capacidad de repetir jugadas de alta intensidad durante 90 minutos.
Pero hay cosas que el tiempo no ha podido borrar.
Es una sensación de espacio.
Se trata de sensibilidad en el control del balón.
Y su actitud frente a la portería era tranquila, casi gélida.
Esos tres goles contra Argelia mostraron esta faceta de Messi.

Ya no hay demasiados movimientos innecesarios.
No hay necesidad de presumir constantemente.
Derrotó a su oponente con la intuición de un genio que había jugado al más alto nivel durante demasiado tiempo.
El tiempo acabará imponiéndose, pero no esta mañana.
Nadie puede vencer al tiempo para siempre. Messi no es una excepción.
Llegará un momento en que tendrá que parar.
Podría estar muy cerca.
Quizás justo después de este Mundial.
Pero esta mañana, contra Argelia, el tiempo tuvo que ralentizarse.
No es porque Messi se haya vuelto más joven, sino porque en ciertos momentos, su magia con los pies sigue siendo suficiente para hacer que la gente olvide que tiene 38 años.
El triplete de Messi contra Argelia esta mañana no lo hace más grande porque ya estaba ahí.
Pero marcar tres goles contra el equipo africano hizo que la gente se diera cuenta de que tal grandeza aún no era cosa del pasado.
Y para Messi, quizás eso sea lo más aterrador: ya no compite con nadie más que con el tiempo.
Fuente: https://danviet.vn/lionel-messi-khi-thoi-gian-cung-phai-nhuong-buoc-d1435856.html